¿Un ingeniero puede hacer buenas leyes?
Las mejores leyes no nacen de buenas intenciones —nacen de entender cómo funcionan los sistemas. Un ingeniero está entrenado exactamente para eso: identificar el problema real, descartar las causas superficiales, diseñar una solución que funcione en el mundo real y medir si los resultados son los esperados.
Freedy Sotelo lleva más de treinta años aplicando ese método en universidades, laboratorios y comunidades rurales andinas. No redactó propuestas en campaña: lleva décadas documentando los problemas del sistema educativo, energético y productivo del Perú en publicaciones científicas indexadas.
Un senador que sabe cómo se construye un puente, cómo se diseña un sistema de riego o cómo se certifica una competencia técnica no votará por una ley sin antes preguntar: ¿cómo se implementa? ¿quién la paga? ¿cómo se mide su impacto? Eso es lo que el Congreso lleva años sin hacer.